Todo empezó con una pregunta:

Si el agua es la base de toda fórmula cosmética, ¿qué pasaría si pudiéramos activarla incorporándole energía e información?

De esa curiosidad nació AkuaRedox, un espacio donde la ciencia, la artesanía y el respeto por la naturaleza se encuentran para crear algo único: fórmulas que equilibran energía y materia, y nos recuerdan que todo en la vida está conectado.

Por eso elaboramos una cosmética consciente, creada con las manos, la mente y el corazón. 🩵

🌿 NUESTRO PROPÓSITO

Unir ciencia y creación para desarrollar una cosmética cuya prioridad sea mejorar la salud de forma natural. Elaborada artesanalmente, con intención y precisión, para promover una belleza duradera, saludable y llena de vitalidad.

💧 NUESTRA VISIÓN

Ser un referente en innovación natural y bienestar consciente, utilizando un agua cuyas propiedades han sido reactivadas. Demostramos que la ciencia puede tener alma y que la verdadera longevidad nace del equilibrio entre materia, energía y emoción.

✨ NUESTROS VALORES

Honestidad, respeto por la vida y pasión por lo que hacemos. Cada fórmula refleja una forma de crear: curiosa, coherente y comprometida con la vida y el bienestar a largo plazo.

Quiénes Somos

En AkuaRedox, cada detalle importa: desde la pureza del agua hasta la intención con la que se elabora cada fórmula.

Cuidamos cada paso del proceso con el mismo cariño con el que cuidamos a las personas que confían en nosotros.

David Camarero

María Gómez

Si tienes un ratito y quieres conocernos mejor, esta es nuestra historia:

En 1989 inauguré mi primera clínica veterinaria en Irún.

Era un pequeño consultorio con un quirófano básico y un aparato de rayos X de segunda mano. Con los años fui ampliando conocimientos y acumulando experiencias; participé en seis clínicas, unas como socio y otras como gerente.

Tras 35 años de trayectoria, llegué a dirigir un hospital veterinario con un servicio integral: cirugía endoscópica de mínima invasión, hospitalización con salas diferenciadas para perros y gatos, laboratorio propio y diagnóstico por imagen asistido por inteligencia artificial.

En resumen, contábamos con todos los avances posibles y un gran equipo de veterinarios a mi cargo. Había alcanzado la cima a la que aspiraba al inicio de mi profesión. Sin embargo, sentí que era el momento de dejarlo todo en manos de mis compañeros e iniciar un nuevo camino.

¿Qué me impulsó a dar este giro radical a mi vida?

Durante mi etapa como veterinario clínico, un suceso me marcó profundamente: el fallecimiento de una compañera, peluquera canina de apenas treinta años. Viví su proceso de cáncer de mama, las sesiones de quimioterapia y el deterioro físico y energético… hasta su trágico final.

Este acontecimiento cambió mi manera de ver la medicina. El escaso éxito de los protocolos oncológicos oficiales generó en mí una rebeldía hacia el sistema. Comencé a buscar formación en terapias que mi base científica había desestimado hasta entonces. Cambié el paradigma y abrí mi mente.

Me instruí en ozonoterapia, fitoterapia, biorresonancia y magnetoterapia, entre otras. Comencé a intercalar los habituales congresos patrocinados por laboratorios farmacéuticos con cursos de técnicas alternativas que, a medida que practicaba, me entusiasmaban por los excelentes resultados que ofrecían.

Fui incorporando estas herramientas en una medicina integrativa, aplicable tanto en oncología como en otras especialidades.

Fue precisamente en oncología donde di un paso más.

Mi investigación me llevó a adquirir un aparato de Lakhovsky, una tecnología basada en frecuencias. Creo que era el único veterinario en España —o uno de los pocos— que contaba con este dispositivo. Con el aprendizaje acumulado, concebí un método que evolucionó hasta el sistema de transmisión de frecuencias que llamé Multi Ondas Portátil.

Al incorporar ozono, fitoterapia y frecuencias, los resultados mejoraron notablemente. No siempre es posible garantizar el éxito, pero la combinación ofrecía mejores pronósticos. Incluso traté a muchos pacientes derivados por otros compañeros cuando la medicina convencional ya los había desahuciado.

Así conocí a Rubén y a su perrito Tay.

Rubén pasó de ser cliente a amigo y hoy es pieza clave en AkuaRedox —desarrollo informático, web, redes y marketing—. Su perrito Tay padecía un adenocarcinoma oronasal con un pronóstico de vida de apenas unos meses.

Tras visitar a varios veterinarios en Madrid, la situación era desesperada: no se podía operar y la esperanza de vida era muy corta. Una veterinaria ozonoterapeuta le recomendó un colega en Irún que aplicaba terapias alternativas. Así nos conocimos. Con tiempo y constancia, logramos cronificar y estabilizar la enfermedad de Tay, que vivió muchos años más y murió plácidamente a los 14.

Ese éxito transformó la relación paciente-veterinario en una profunda amistad, y llevó a Rubén a unirse al proyecto AkuaRedox con su imprescindible colaboración.

¿Y cómo se incorporó María al equipo?

Surgió de mi inquietud por reducir al máximo los riesgos epigenéticos —ambientales y emocionales— que rodean al cáncer y su difusión. Cuando un paciente ingresaba en mi programa oncológico, lo primero era una charla a su acompañante humano sobre cambios de hábitos: alimentación, agua, oxigenación al dormir, estado emocional y ejercicio, antes de iniciar cualquier tratamiento.

Una vez optimizábamos esas condiciones y se asumía el compromiso con el cambio, comenzábamos la terapia integrativa con medicinas, ozonoterapia y otras técnicas. Un hecho familiar me obligó a aplicar estas pautas también en mi entorno cercano y esa persona, hoy, está completamente recuperada.

A raíz de ese episodio, mi interés se amplió hacia la cosmética.

Igual que con la alimentación y el agua, comprendí que los cosméticos merecen un análisis riguroso para elegir ingredientes lo más naturales posible. Me inscribí en un curso de fabricación de cosmética natural y allí conocí a María, que llevaba años elaborando productos para su entorno. Sus cremas, jabones y desodorantes me encantaron.

Como yo trabajaba modificando la estructura y energía del agua con frecuencias, propuse aplicar este método a la base acuosa de sus fórmulas —cerca del 80 % de un cosmético—. Al incorporarlo, observamos mejoras claras: mejor absorción, aroma más duradero y una textura más suave.

Los resultados nos entusiasmaron tanto que, tras mucho esfuerzo y una enorme ilusión, creamos AkuaRedox.

Después de 35 años dedicados a la clínica de pequeños animales, el estrés acumulado me pedía un cambio. El infarto de uno de mis socios fue la señal definitiva para transformar mi vocación en una nueva aventura.

Rodeado de amigos muy involucrados en este proyecto, me ha resultado más fácil dejar atrás el maravilloso mundo de los animales, aunque todavía siento cierta nostalgia cada vez que les miro a los ojos.

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Cosmética Artesanal Hecha con
y Agua Fotonizada